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15/02/2019

Escrito por María Alcaraz

pisar y destruir

Dañar al otro profesionalmente. Parece que nos encanta. Preferimos pisar al otro en lugar de trabajar para mejorar e incluso, para ayudarle. ¿Por qué hacemos esto profesionalmente? Es algo que no se entiende muy bien pero que lo hacemos constantemente y de hecho, desde que están las redes sociales, ahora es más notable porque todo es público.

Hoy queremos hacer un post más personal basado en una situación que vivimos hace un par de mañanas pero que nos lleva a una situación como decimos, habitual en los entornos profesionales y que deberíamos cuanto menos, “vigilar”. Desde que aparecieron las redes sociales, el arte de criticar se ha extrapolado a niveles de visibilidad insospechados y realmente, dañinos. Malos y perjudiciales para la persona objetivo de las críticas pero también para quien las hace que transmite una imagen propia bastante negativa. Eso cuando somos capaces de ver e identificar lo perjudicial de criticar que a todos nos encanta.

Las redes sociales son una puerta maravillosa al conocimiento, al estar en contacto, a generar relaciones de todo tipo (personales, profesionales, conocer gente, marcas, tendencias…) pero también, bajo esa utilidad, permiten o hacen que se pueda hablar de todo y de todos.

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parar para continuar

Sí, exactamente eso. Un día libre es a veces, lo mejor que puedes hacer para trabajar más y mejor. Cuando estamos “atorados” y bloqueados, lo mejor que podemos hacer por nosotros mismos y por nuestro proyecto es… ¡Parar! ¿Por qué no lo hacemos? Porque somos de la cultura del “calentar silla”. Venimos de viejos y muy arraigados patrones profesionales que ahora mismo ya, perjudican más que favorecen. Por eso, hoy defendemos el parar para continuar.

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lo que pienso vs lo que digo

La gran diferencia entre lo que pienso, lo que digo, lo que acordamos y lo que el otro entiende. Así nos pasamos el día, discutiendo entre estos cuatro puntos. Y es que cada vez menos, trabajamos la comunicación activa. Estamos perdiendo la práctica en esto de escuchar y sólo “suponemos”.

Suponemos que el otro entiende lo que yo tengo en mi cabeza y ni de lejos, es así. Pensamos que la otra persona, tiene que interpretar lo que yo espero de él. Pero lo mejor de todo, es que cuando pactamos un trabajo, no nos ceñimos a lo que acordamos sino que pensamos que “todo está incluido”.

Esta situación ocurre a menudo en el entorno profesional. La venta de servicios está sujeta a aspectos “subjetivos” porque no nos comunicamos bien, con asertividad y dejando bien estipulados los límietes. Pero también influye que pensamos que todo vale y que todo está incluido. No marcamos límites y no respetamos los de los demás. No somos coherentes con lo que acordamos – pagamos – recibimos.

¿Qué consecuencias tiene esta actitud? Generar conflicto. Cuando no estamos en sintonía con lo que pensamos – transmitimos y el otro entiende, esperamos aquello que luego no vamos a recibir y comienza el conflicto.

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20/12/2018

Escrito por María Alcaraz

objetivos 2019

Cada año cuando llega diciembre, nos ponemos arduos en la tarea de marcar objetivos para el siguiente año. Nos comemos el mundo. Nos pensamos que vamos a ser capaces de hacer toooooodo lo que hasta el momento no hemos sido capaces. Hacemos un listado como si no hubiese un mañana y no paramos de listar hasta que nos cansamos. Mil y una cosa. No tenemos en cuenta nada: ni tiempo, ni recursos, ni energía… Que por propósitos y objetivos, ¡no quede! Y esto, es altamente negativo. ¿Por qué? Porque no es saludable marcarnos miles de objetivos que luego no vamos a cumplir y que nos van a llevar a una decepción brutal.

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tensiones familiares navidad

Sí, aunque no lo parezca, hay temas “intocables” en los encuentros familiares y de amigos de las próximas navidades. Y sí, también es un tema que puede trabajarse a través de sesiones de coaching porque si algo sale a relucir en Navidad son las posibles “rencillas” o temas pendientes de gestionar con la familia. Y es que por mucho que nos queramos y adoremos, como se suele decir… En todas las familias cuecen habas. En unas más que en otras, o en algunas se expresan más y en otras se guardan más bajo la alfombra pero la familia es algo impuesto que no elegimos. Cada uno es “de su padre y de su madre” aunque cuando seamos hermanos. Con esto queremos decir que cada uno tiene su forma de ser, sus conflictos internos, su versión de la historia y entre todo eso más las “obligadas” citas navideñas, se crea un cocktail que a veces, es más que explosivo.

Un cocktail que es necesario aliviar de ingredientes hasta dejarlo en una bebida agradable y consumible por todos. Porque aunque en todas las familias haya conflictos, ni de lejos, una reunión de Navidad es el lugar para ponerse a resolverlo. Sobre todo, porque no lo vamos a solucionar sino que solo generaremos mal ambiente, una incomodidad generalizada y que todos suframos una mala velada. Y ¿qué necesidad hay de eso?

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