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perfeccionismo

Ser perfeccionista está bien y es algo positivo siempre y cuando… ¡Se controle! Toda virtud puede convertirse en nuestro mayor enemigo si no sabemos parar en el momento justo y adecuado. Todo tiene un límite y en el equilibrio está la buena virtud. Ser perfeccionista y querer que todo esté “perfecto” puede ayudarnos a elevar nuestro nivel de calidad en el trabajo pero también puede destruir nuestra cuenta de resultados. ¿Por qué? Lo descubrimos.

Aspectos positivos del perfeccionismo en el trabajo

A priori el perfeccionismo está considerado como un aspecto positivo dentro de la esfera laboral (y también de la personal). Querer hacer las cosas bien, excesivamente bien y llegando incluso a rozar la perfección (porque la perfección no existe como tal) es un punto a favor que siempre se tiene muy en cuenta. Es considerado como una virtud y quien lo practica, valorado positivamente gracias a esta cualidad. De hecho, consideramos que es una virtud hasta tal punto que en las entrevistas de trabajo o cuando hablamos de nuestras cualidades… Lo reseñamos y resaltamos.

Ser perfeccionista consiste en pretender siempre hacer esa tarea que se nos tiene encomendada… ¡mejor! Que esté mejor hecha, que tenga un nivel más de calidad, que cumpla con creces los tips de calidad marcados y esté por supuesto, muy por encima de los mismos. Así que hasta cierto punto, es algo altamente positivo porque nos ayuda a ser mejores.

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sindrome postvacacional

A estas alturas de septiembre ya deberíamos estar más que a pleno rendimiento en nuestros trabajos después del parón vacacional – veraniego. Aunque esto es el escenario ideal la realidad es bien distinta. El síndrome post-vacacional se apodera año tras año de nosotros y nos cuesta la misma vida retomar y volver a la normalidad. Al ser algo que nos invade cada vez que tenemos vacaciones (navidad, semana santa, verano)… ¿Por qué nos sigue ocurriendo? ¿Por qué no hemos encontrado el origen de este problema? Y lo que va más allá, ¿es el síndrome postvacacional un reflejo de que realmente no nos gusta lo que hacemos – nuestro trabajo?

Síndrome postvacacional

Por definición, el síndrome postvacacional es “el estado que se produce en el trabajador al fracasar el proceso de adaptación entre un periodo de vacaciones y de ocio con la vuelta a la vida activa, produciendo molestias que nos hacen responder a nuestras actividades rutinarias con un menor rendimiento”.

Sí, has leído bien… “el fracaso en el proceso de adaptación” es decir, lo primero es que mantiene que es el no haber conseguido algo que se presuponía teníamos que realizar de forma exitosa y lo segundo, es que tomamos consciencia de que existe un periodo de adaptación a la vuelta (no todo está perdido ni estamos en contra de nuestra propia vida).

Todo está ligado y por lo tanto, si el proceso de adaptación no está bien hecho y no conseguimos superar esa desidia y tristeza por las vacaciones pasadas, caeremos en el que llamamos el síndrome postvacacional.

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29/07/2019

Escrito por María Alcaraz

crisis pasion trabajo

Identificar, aceptar, gestionar, decidir, continuar. Esas son las mejores fases que puedes poner en marcha cuando una crisis de pasión profesional aparecer en tu vida. Y es que esto de ver “mermada” o considerarlo así (aunque puede que no sea exactamente eso lo que ocurre), es más habitual de lo que creemos. Cuántas veces hemos visto a personas de nuestro entorno cambiar radicalmente de trabajo – profesión porque descubren que lo que vienen haciendo desde hace años, “no les llena”. Como decimos, es algo habitual sobre todo últimamente. ¿Qué propicia una crisis de pasión profesional? ¿Cómo hay que gestionarla? Veamos punto por punto para poder arrojar un poco de luz a quien se encuentre en esta situación.

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notas escolares

Con la llegada del verano empezamos las tan ansiadas vacaciones, los días festivos, buscar destinos de ocio y pasarlo bien un poco alejados de la rutina diaria y el trabajo. Todo es lo esperado y es genial pero, si hay hijos en casa, antes hay que pasar por el trance de las notas escolares. Ese momento que genera tensión, roces y sobre las que hay que tomar importantes decisiones que nos afectarán a todos durante el verano (no sólo a los que suspenden). ¿Cuál es la forma más adecuada de gestionar suspensos en las notas escolares de cara al verano?

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13/06/2019

Escrito por María Alcaraz

frustracion

La exigencia está bien. Es algo positivo sobre todo si es con nosotros mismos, la autoexigencia. Nos ayuda a querer ser mejores, a hacer las cosas con un nivel superior de calidad, a no conformarnos con resultados mediocres. Es fantástico ser autoexigente. Pero, ¿qué ocurre cuando se nos va de las manos? A veces, somos “demasiado” exigentes y caemos en el lado opuesto generando efectos negativos sobre nosotros mismos y por ende, sobre los demás. La exigencia exagerada, como todo lo extremo, tiene riesgos y efectos negativos que debemos controlar y sobre todo, evitar.

La exigencia ¿qué es?

La exigencia es lo que nos mueve a ser mejores. Queremos hacer las cosas bien y de hecho, mejor cada vez. Cuando somos muy de querer hacerlo bien, es cuando la exigencia aparece. La llevamos de forma intrínseca y unos la desarrollamos más que otros. Pero es esa motivación visceral a querer hacer las cosas bien, cada vez mejor.

La exigencia es algo que va en nosotros y cuando somos exigentes con nosotros mismos, lo somos con el resto. La vida y las relaciones sociales son un espejo. Trasladamos y proyectamos en el otro lo que nosotros somos. Esa es la realidad. De ahí que cuando somos muy exigentes con nosotros mismos, lo somos con los demás. Y esto, puede causar problemas sociales.

Que seamos auto-exigentes o exigentes con nosotros mismos, es algo que debemos gestionar de forma autónoma. Pero, ser exigente con los demás, es más peligroso. ¿Por qué? Porque el otro no tiene por qué querer o ni siquiera poder responder a ese nivel de exigencia que le estamos interponiendo. Y de ahí aparecen los problemas sociales de peleas, desencuentros y roturas.

La exigencia debe siempre, tanto la nuestra como la que proyectamos en los demás (en cualquier ámbito) en niveles saludables. Unos niveles que siempre estén en equilibrio. Ser exigentes es bueno, no conformarse con las cosas de cualquier manera o sin calidad (ya sea algo físico o en relaciones, en cualquier ámbito). Pero hay que saber cuál es el punto de inflexión y en el que hay que parar de exigir.

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