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notas escolares

Con la llegada del verano empezamos las tan ansiadas vacaciones, los días festivos, buscar destinos de ocio y pasarlo bien un poco alejados de la rutina diaria y el trabajo. Todo es lo esperado y es genial pero, si hay hijos en casa, antes hay que pasar por el trance de las notas escolares. Ese momento que genera tensión, roces y sobre las que hay que tomar importantes decisiones que nos afectarán a todos durante el verano (no sólo a los que suspenden). ¿Cuál es la forma más adecuada de gestionar suspensos en las notas escolares de cara al verano?

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13/06/2019

Escrito por María Alcaraz

frustracion

La exigencia está bien. Es algo positivo sobre todo si es con nosotros mismos, la autoexigencia. Nos ayuda a querer ser mejores, a hacer las cosas con un nivel superior de calidad, a no conformarnos con resultados mediocres. Es fantástico ser autoexigente. Pero, ¿qué ocurre cuando se nos va de las manos? A veces, somos “demasiado” exigentes y caemos en el lado opuesto generando efectos negativos sobre nosotros mismos y por ende, sobre los demás. La exigencia exagerada, como todo lo extremo, tiene riesgos y efectos negativos que debemos controlar y sobre todo, evitar.

La exigencia ¿qué es?

La exigencia es lo que nos mueve a ser mejores. Queremos hacer las cosas bien y de hecho, mejor cada vez. Cuando somos muy de querer hacerlo bien, es cuando la exigencia aparece. La llevamos de forma intrínseca y unos la desarrollamos más que otros. Pero es esa motivación visceral a querer hacer las cosas bien, cada vez mejor.

La exigencia es algo que va en nosotros y cuando somos exigentes con nosotros mismos, lo somos con el resto. La vida y las relaciones sociales son un espejo. Trasladamos y proyectamos en el otro lo que nosotros somos. Esa es la realidad. De ahí que cuando somos muy exigentes con nosotros mismos, lo somos con los demás. Y esto, puede causar problemas sociales.

Que seamos auto-exigentes o exigentes con nosotros mismos, es algo que debemos gestionar de forma autónoma. Pero, ser exigente con los demás, es más peligroso. ¿Por qué? Porque el otro no tiene por qué querer o ni siquiera poder responder a ese nivel de exigencia que le estamos interponiendo. Y de ahí aparecen los problemas sociales de peleas, desencuentros y roturas.

La exigencia debe siempre, tanto la nuestra como la que proyectamos en los demás (en cualquier ámbito) en niveles saludables. Unos niveles que siempre estén en equilibrio. Ser exigentes es bueno, no conformarse con las cosas de cualquier manera o sin calidad (ya sea algo físico o en relaciones, en cualquier ámbito). Pero hay que saber cuál es el punto de inflexión y en el que hay que parar de exigir.

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28/05/2019

Escrito por María Alcaraz

resiliciencia

Escuchamos hablar de ella. Incluso, usamos el término en determinadas ocasiones pero pocos sabemos realmente lo que es la resiliencia y mucho menos, cómo aumentarla. De hecho, pensamos incluso que es algo “negativo” a veces… Y es que la confundimos con procrastinar o dejar las cosas para otro momento.

Descubramos qué es esto de la resiliencia, cómo podemos trabajarla y aumentarla. Sus beneficios son cuantiosos y de una gran calidad para nuestra vida diaria.

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25/04/2019

Escrito por María Alcaraz

Ser felices se ha convertido en el nuevo objetivo de todos. Sí, aunque parezca paradójico, hasta hace bien poco, no le echábamos mucha cuenta a eso de ser felices. El dinero, el trabajo (para conseguir dinero más que para hacer algo que nos guste), las pertenencias que podíamos comprar (casa, coche, etc)… ocupaban siempre los puestos principales en nuestra mente y casi también, en nuestro corazón. Ahora, parece que el esquema de vida empieza a cambiar y consideramos que la felicidad es un factor clave en nuestra vida. De ahí, que en las empresas se haya también comenzado a considerar tanto que incluso a nacido un nuevo rol profesional: los jefes de la felicidad.

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15/02/2019

Escrito por María Alcaraz

pisar y destruir

Dañar al otro profesionalmente. Parece que nos encanta. Preferimos pisar al otro en lugar de trabajar para mejorar e incluso, para ayudarle. ¿Por qué hacemos esto profesionalmente? Es algo que no se entiende muy bien pero que lo hacemos constantemente y de hecho, desde que están las redes sociales, ahora es más notable porque todo es público.

Hoy queremos hacer un post más personal basado en una situación que vivimos hace un par de mañanas pero que nos lleva a una situación como decimos, habitual en los entornos profesionales y que deberíamos cuanto menos, “vigilar”. Desde que aparecieron las redes sociales, el arte de criticar se ha extrapolado a niveles de visibilidad insospechados y realmente, dañinos. Malos y perjudiciales para la persona objetivo de las críticas pero también para quien las hace que transmite una imagen propia bastante negativa. Eso cuando somos capaces de ver e identificar lo perjudicial de criticar que a todos nos encanta.

Las redes sociales son una puerta maravillosa al conocimiento, al estar en contacto, a generar relaciones de todo tipo (personales, profesionales, conocer gente, marcas, tendencias…) pero también, bajo esa utilidad, permiten o hacen que se pueda hablar de todo y de todos.

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