Frialdad en las respuestas, cero implicación en las situaciones, huida de conflictos, arrojar comentarios desvalorizantes y negativos… Todos estas situaciones y muchas otras denotan y dejan ver cuánto de desconectada emocionalmente está una persona. La desconexión emocional es una de las afecciones psicológicas que habitualmente se ven y otros sufren o nosotros mismos pero que se normaliza bajo la excusa: soy así, muy racional.

¿Qué es el síndrome de la desconexión emocional?

La dificultad para identificar, experimentar y sentir emociones a un nivel saludable y normalizado. En el nivel superior se define el síndrome de la desconexión emocional como la absoluta incapacidad para sentir cualquier tipo de emoción. Una persona desconectada emocionalmente no sentirá afecto pero tampoco dolor emocional, rabia, ira… Todas las emociones pasan por sí mismo de forma superficial, sin adentrarse en él/ella y sin consecuencias de ningún tipo.

En los últimos tiempos se ha enmascarado el síndrome de la desconexión emocional con el rasgo de “racionalidad”. Soy muy racional es la excusa perfecta para tapar y excusar mi desconexión emocional. Soy así, es lo que hay pero, ¿qué efectos puede tener esto sobre la otra persona y lo que es peor, sobre quien lo padece?

Consecuencias de estar desconectado emocionalmente

Aislamiento

La desconexión emocional es un arma de doble filo para quien lo padece. A priori puede ser algo sumamente positivo ya que te evita sufrimientos en cuanto a emociones negativas se refiere (no sufres dolor de forma exagerada por las pérdidas, la rabia no te invade ni sientes vacío por abandones, etc). Pero cuidado, porque decimos, a priori.

Estar desconectado emocionalmente y no sentir demasiado estas emociones no significa que no están en tu interior y que no vayan a salir en un momento determinado. Este es el primero punto / efecto negativo de la desconexión emocional. Las emociones por las situaciones y circunstancias de la vida están y todos las experimentamos de una forma u otra pero si no estás conectado con ellas, las irás acumulando, acumulando hasta que salgan de una manera u otra: puede ser con un sufrimiento exagerado por contraposición de pérdida o problema de vida o quizás, el cuerpo se termina manifestando por acumulación a través de una enfermedad.

El aislamiento no es meterse en casa y dejar de tener relaciones sociales y/o familiares incluso, de pareja (y duraderas). Aislarse por desconexión emocional es tener un círculo de personas alrededor e incluso buscar nuevas personas con las que entablar cualquier vínculo pero que estos sean totalmente superficiales y sin entrar en ningún tipo de implicación emocional. Son relaciones para el desconectado emocionalmente muy “superficiales” (perdonad por reiterarnos en ella pero es el mejor adjetivo).

Aparentemente parecerá que le importamos a la persona desconectada, mostrará indicios de estar pendiente de nosotros o tener una actitud normal pero suele pasar que esto es al principio porque se fuerzan para generar ese vínculo y relación. Después, ocurrirán dos casos:  en el momento que todo crece, se asustan y se echan para atrás (generando incluso situaciones dolorosas), retroceden hasta puede que destrocen la relación porque dañan a la otra persona con su frialdad y artimañas para aislarse; o en segundo caso, se alejan y buscan otras relaciones nuevas sin soltar la anterior pero así sienten que no va a más y que están diversificando sus apegos.

La cuestión es no tener vínculo emocional profundo con nadie sino relaciones superficiales de las que poder evadirse en cualquier momento y, en el caso que surja una posible vinculación más fuerte (enamoramiento), lo rechazan y retroceden.

Apego evasivo

Otra de las importantes consecuencias o características de las personas emocionalmente desconectadas es que actúan con el apego evasivo. Es así como se relacionan con su entorno y sobre todo, con sus parejas.

Las personas desconectadas emocionalmente suelen tener pareja, no significa que estén solas pero estas parejas sufrirán mucho por la frialdad, la desconexión y el aparente (y no tan aparente) estado de desentendimiento que tienen hacia su cónyuge. Los dejarán solos o sin apoyo emocional ante adversidades como enfermedades o pérdidas y es que su desconexión les hace no sentir dolor y por supuesto, carecen de empatía ante las emociones ajenas restándoles importancia y tildando a los demás de exagerados e intensos.

Algunos rasgos muy característicos de estas personas son:

  • Evitan hablar de emociones: de las suyas porque carecen de ellas (es lo que piensan pero las tienen aunque escondidas y sin atender) y por supuesto, de las de las personas de alrededor.
  • Minimizan las situaciones acontecidas: lo llaman racionalizar pero en realidad es que no consideran importante ninguna situación que conlleve una emoción. Y tienden a desvalorizar a quien sí las tiene (es muy habitual como una persona desconectada emocionalmente no tendrá en cuenta cómo se siente su pareja si esta enferma o siente pena / tristeza por algo).
  • Incapacidad absoluta para sentir empatía con nada ni con nadie. Solo miran por ellos y solo importa lo que ellos estén viviendo (que no sintiendo).
  • Racionalidad: este es su mejor argumento para la defensa de su actitud y su forma de ver y vivir las situaciones propias y ajenas.
  • Relaciones intrascendentes y sin mayor calado ni profundidad.
  • Confusión en la autopercepción: no saben ni qué sienten, ni qué les mueve… Están totalmente desconectados de ellos mismos.

La desconexión emocional es uno de los problemas psicológicos que más a menudo vemos a nuestro alrededor. Es un mecanismo de defensa para dejar de sentir y evitar el dolor que puede convertirse en algo sumamente perjudicial para nuestra vida diaria. Identificarlo y poder solucionarlo con acompañamiento es el primer paso para dejar atrás este bucle tóxico para uno mismo y el entorno.