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Fleming, Amundsen, Madre Teresa, Steve Jobs

En nuestra sociedad tendemos a encumbrar el talento individual. Nos gusta reconocernos y vernos reflejados en ciertas figuras: inventores, visionarios, aventureros, filántropos… personas a las que admiramos por sus cualidades personales y por los logros que conquistaron. Son iconos que simbolizan los hitos.

Sin embargo, en muchos de esos casos esas personas nunca habrían podido hacerlo si no hubieran sumado su talento individual al de otros formando un equipo en el que cada uno cumplía su papel. De hecho, parte de su grandeza consiste en haber sabido reunir a las personas adecuadas e implicarlas para alcanzar un objetivo común. Y lo que es más importante: ellos mismos pudieron aportar el 100% de su potencial precisamente porque formaban parte del equipo.

1) Roald Amundsen

Amundsen pasó a la historia el 14 de diciembre de 1912 al ser el primer explorador en alcanzar el Polo Sur. Recorrió 1.300 kilómetros en 55 días y decir que no lo hizo solo es hasta demasiado obvio. Su equipo estaba formado por cinco personas: Olav Bjaaland, Helmer Hanssen, Sverre Hassel, Oscar Wisting y el propio Amundsen.

Cada uno de ellos aportó algo al equipo que les convertía en una pieza clave: Bjaaland era campeón de esquí, pero además era carpintero y sabía cómo fabricar esquís. Hanssen era un explorador experimentado que le había acompañado en otras expediciones, al igual que Hassel que además era experto en el cuidado de los perros. Wisting por su parte era artillero naval y llegó a convertirse en un veterinario aficionado muy útil.

Evidentemente, a Admundsen corresponde el mérito de haber organizado y planificado la expedición, y también suya fue la decisión de emplear trineos de perros en exclusiva como transporte, lo que les valió la victoria (y la supervivencia). La malograda expedición rival, capitaneada por Scott, utilizaba caballos mongoles además de perros, y esta y otras decisiones equivocadas les relegaron al segundo lugar, además de condenarles a morir en la nieve. Es sabido que además había desavenencias dentro del equipo de Scott.

Sin embargo, Amundsen tenía muy claro que para llegar al Polo Sur necesitaba un buen equipo, un equipo cohesionado integrado por personas con talentos y conocimientos individuales que en muchos aspectos estaban por encima de los suyos. Y tuvo el acierto de confiar en sus habilidades para llevar la expedición a buen puerto. Todo un ejemplo de un equipo de alto rendimiento.

2) Alexander Fleming

El principal avance científico en el terreno de la medicina en todo el siglo XX se lo debemos a este científico escocés, que descubrió los efectos antibacterianos del hongo Penicillium notatum. Como microbiólogo supo darse cuenta de que este hongo estaba matando las bacterias patógenas, y supo también identificar la trascendencia de dicho descubrimiento para combatir las enfermedades.

Sin embargo, aunque Fleming trabajó durante mucho tiempo para la obtención y purificación de la penicilina, aislarla era un proceso extremadamente difícil que requería conocimientos específicos de química que se salían de su área de especialización, que era la microbiología. Fueron Ernst Boris Chain y Howard Walter Florey, químicos, quienes desarrollaron un método para sintetizar la penicilina, lo que permitió su administración con fines terapéuticos.

Hoy el nombre que ha trascendido es el de Fleming por su inigualable intuición, pero el logro solo pudieron conquistarlo sumando sus capacidades profesionales para un objetivo común. Por eso, el Nobel de Medicina de 1945, «por el descubrimiento de la penicilina y su efecto curativo en varias enfermedades infecciosas» se les otorgó a los tres en conjunto.

3) Madre Teresa

Sin duda otra de las figuras más admiradas del siglo XX por su labor humanitaria. En el transcurso de su vida fundó más de un centenar de organizaciones en diferentes países, y rescataron a 57.000 personas de las calles, inspirando con su ejemplo la creación de muchas otras organizaciones de cooperación, lo que le valió el premio Nobel de la Paz.

Sin embargo, de haber realizado su labor en solitario nunca habría podido ayudar a un número tan grande de personas. Su primera ayudante fue Charur Ma, una viuda que había sido cocinera en el colegio de Calcuta donde ella había enseñado durante veinte años. Otras novicias de la escuela las siguieron y juntas formaron bajo su mando la orden de las Misioneras de la Caridad.

Entre ellas se encontraba Subhasini Das, una chica procedente de una acaudalada familia bengalí que escogió el nombre de Agnes. Cuando en 1960, la Madre Teresa empezó su labor fuera de la India, dejó a cargo de la hermana Agnes la institución, ¿cómo podría haberlo hecho sin valores de equipo tan importantes como la confianza, sin compromiso?. Habría tenido que quedarse siempre en la India limitándose a sí misma y a la organización. También fue muy importante la hermana Gertrudis, que se convirtió en la primera doctora de las Misioneras de la Caridad.

En mayo de 1949, ya tenía tres seguidoras; en noviembre, cinco y, a principios de 1950, siete. La orden cuenta actualmente con 4500 monjas en más de 133 países. La Madre Teresa no formó y dirigió a todas, pero formó y dirigió a personas capaces de hacerlo en su lugar. Ese es el verdadero legado que nos dejó.

4) Steve Jobs

Jobs era un visionario, y sin duda la industria del entretenimiento no sería la misma hoy día de no ser por él. Supo comprender las necesidades del público y hacerse un hueco en el mercado a golpe de innovación, tesón y primar la calidad del producto por encima de todo. Su forma de entender el marketing y la atención al cliente cambió el juego para siempre.

Sin embargo, incluso un talento tan singular como Jobs no jugaba solo, sino en equipo. En el garaje de su casa donde fundó Apple en 1976, junto a él se encontraba otra persona: Steve Wozniak. Wozniak era el ingeniero, y él fue el verdadero inventor del ordenador personal, combinando un microprocesador con un teclado y un monitor. Wozniak lo diseñó y lo construyó, pero cuando presentó la idea en Hewlett Packard, la empresa donde trabajaba, le dijeron que no tenía futuro.

Fue Jobs quien supo ver lo que aquello podía significar y tuvo la idea de involucrar a otras personas para producir más unidades y venderlas. El resto es historia.

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