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15/03/2019

Escrito por María Alcaraz

Todo empieza por la persona que está arriba. Es imposible que un equipo esté motivado, si el superior directo, no lo está. Es absolutamente una utopía que un proyecto salga bien si sus creados, no están dándolo todo por él. Un equipo, como los niños de sus padres, toman ejemplo y necesitan ser guiados. Si un jefe no está sobre su empresa, sobre su equipo, sobre su proyecto, es eso, un jefe y no un líder. Esperar que los demás hagan lo que ni uno mismo está haciendo con lo que es suyo (o cobra más por ello), es simplemente, soñar algo que está fuera de lugar.

Ausencia de responsabilidad y ejemplo

El modelo de jefe “de antes”, ese que siempre referimos, está basado en mandar sobre los demás y esperar que los otros hagan. Esperar incluso lo que ni siquiera saben que tienen que hacer. A día de hoy, sigue ocurriendo aunque es cierto que la evolución y transformación hacia el liderazgo, está cambiando este modelo. También el conocimiento que tenemos ahora sobre inteligencia emocional ayuda a que este escenario se module.

Sea como sea el ritmo del cambio, lo que está bien claro es que siempre, hay que dar ejemplo y tener absoluta responsabilidad sobre aquello que depende de nosotros. Y por supuesto, en el trabajo también.

Un equipo de trabajo siempre, hará y tomará ejemplo de su superior. Cuántas veces vemos una empresa que funciona exactamente igual que lo son sus dueños. Y es que todos, nos movemos por el ejemplo. Desde que somos niños, por lo que hacen nuestros padres y después, por lo que nos han enseñado.

En el trabajo, exactamente igual. Si quieres que tu equipo esté motivado, tú debes estarlo el primero. Si quieres que tu proyecto “cale” en los demás, tú debes tirar como el que más. Si estás totalmente mentalizado en que todo funcione, tú debes funcionar y dar lo máximo de ti. Esa, es la única manera de que el resto lo haga.

Si tu no lo haces, no lo esperes de los demás

Es lógicamente entendible que alguien que trabaja para ti (ya sea en tu empresa o como externo) haga aquello que tú no estás haciendo. Primero porque si tú, que eres el líder, el jefe, el dueño o el responsable no estás implicado, ¿por qué lo va a tener que estar el resto? Sí, es algo de conciencia humana ser responsable pero los hábitos se aprenden y se contagian. Así que esperar de otros lo que ni nosotros hacemos, es una paradoja.

Pero lo hacemos. A menudo lanzamos ideas, proyectos y líneas de negocio incluso esperando que nuestro equipo, “que para eso le pagamos”, recoja el guante y se ponga a ello. Esperamos que recoja el guante, la pelota, el bate y hasta el agua. Nos desentendemos, no ponemos atención a ello.

Y lo que es más grave. Alzamos la voz cuando nos da por revisar, por mirar y vemos un error. Ahí sí que nos sentimos dueños de todo y entonces, recriminamos. Pero, hagamos un poco de autocrítica antes de lanzar la crítica. ¿Estamos totalmente inmersos en nuestro proyecto? ¿Estamos dando las pautas correctas a nuestro equipo? Pautas directas e indirectas. Pautas que tienen que ejecutar para que el trabajo salga adelante y también las que vienen derivadas de nuestra actitud.

¿En serio pretendemos que nuestro equipo sea un equipo puntual, por ejemplo, si nosotros, día tras día, año tras año, llegamos tarde? No pasará. Y lo mejor, no tendremos autoridad para decir nada. Porque no, no vale eso de “yo hago lo que quiero porque soy el jefe y tú lo que te digo porque te pago”. El mayor perjudicado de esta actitud es quien la pretende.

¿Cómo solucionar esta situación?

Todo empieza por uno mismo y como siempre mostramos y enseñamos en coaching, asumir la responsabilidad de todo lo que ocurre en nuestra vida, es la primera lección. Si tu equipo no funciona, si no está dando lo mejor de sí mismos en un proyecto, miremos qué estamos dando nosotros. Esa es la primera actividad que tenemos que poner en marcha con una visión muy amplia “y desde arriba”.

Después, podremos solucionar situaciones concretas rectificando nuestra manera de actuar. Por ejemplo, deberíamos revisar cuando empezamos una actividad o una acción determinada, si hemos marcado bien las líneas de ese proyecto. Si de nosotros sale la información correcta de lo que hay que hacer y de lo que esperamos de cada uno.

Dar las cosas “por supuestas” es una actitud que llevará a todo y a todos, al fracaso. No hagamos perder el tiempo a nadie esperando que adivine lo que nosotros queremos. No pretendamos que otro coja la responsabilidad de lo que nosotros queremos que ocurra.

Revisar los procesos, la comunicación interna de un proyecto, cómo estamos trabajando y sobre todo, identificar las diferencias y brechas entre lo que esperamos, lo que transmitimos y lo que recibimos.

Para concluir, si quieres tener éxito en tu empresa, en tu equipo, en tu grupo de trabajo que depende de ti… Tú eres el primero/a que debe dar ejemplo. Un gran líder se caracteriza por aportar, no por esperar. Y siempre, empezar por uno mismo.

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