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lo que pienso vs lo que digo

La gran diferencia entre lo que pienso, lo que digo, lo que acordamos y lo que el otro entiende. Así nos pasamos el día, discutiendo entre estos cuatro puntos. Y es que cada vez menos, trabajamos la comunicación activa. Estamos perdiendo la práctica en esto de escuchar y sólo “suponemos”.

Suponemos que el otro entiende lo que yo tengo en mi cabeza y ni de lejos, es así. Pensamos que la otra persona, tiene que interpretar lo que yo espero de él. Pero lo mejor de todo, es que cuando pactamos un trabajo, no nos ceñimos a lo que acordamos sino que pensamos que “todo está incluido”.

Esta situación ocurre a menudo en el entorno profesional. La venta de servicios está sujeta a aspectos “subjetivos” porque no nos comunicamos bien, con asertividad y dejando bien estipulados los límietes. Pero también influye que pensamos que todo vale y que todo está incluido. No marcamos límites y no respetamos los de los demás. No somos coherentes con lo que acordamos – pagamos – recibimos.

¿Qué consecuencias tiene esta actitud? Generar conflicto. Cuando no estamos en sintonía con lo que pensamos – transmitimos y el otro entiende, esperamos aquello que luego no vamos a recibir y comienza el conflicto.

Primero, con nosotros mismos porque se instaura en nuestra mente la decepción: consecuencia de no recibir aquello que esperamos. Segundo, el enfado y la rabia porque el otro no nos “quiere dar” lo que nosotros queremos. Tercero, cuando nos marcan “los límites” y/o nos explican por qué no nos lo “han dado” (que suele ser porque no está incluido – pactado en la oferta), nos sentimos “engañados” y de ahí hacia delante en la generación de emociones negativas.

Como decíamos, esta situación es más que habitual en el entorno laboral. Ocurre en las empresas con los miembros de los equipos y entre jefes – empleados pero el escenario en el que más sucede es en la contratación de servicios.

Los servicios son un bien intangible que cuesta delimitar y que genera muchos conflictos entre proveedor – cliente. Y esto lleva a generar fricciones que a menudo acaban con la relación profesional. Y este fin de trabajo conjunto no es sólo perjudicial para el proveedor que pierde el cliente sino que suele ser “peor” para el cliente (aunque él no lo vea) porque tiene que empezar de cero con otro proveedor (con el gasto de tiempo y dinero que ello conlleva).

¿Cómo solucionar esta patrón de actuación?

Lo primero que tenemos que tener en cuenta es que todos somos partícipes y causantes de esta situación. Nadie tiene la culpa – responsabilidad absoluta. En una comunicación de 2 personas, las dos personas son responsables. Así que el primer punto es:

  • Ser autocrítico. Si no analizas qué parte es tu responsabilidad y sólo te centras en “culpar” al otro, estás perdido. Cambiarás de proveedor o de cliente pero te volverá a pasar mil y una vez.

Cuando ya sabemos que todo parte de nosotros mismos y hemos tomado responsabilidad, es el momento de dar el siguiente paso.

A la hora de nuestra gestión profesional – laboral y de tratar con personas con la que intercambiamos trabajo, es bueno que estipulemos un protocolo para no hay diferencias notables entre lo que pensamos – decimos – pactamos – el otro entiende.

A nivel laboral es más sencillo que en el ámbito personal porque en el trabajo todo puede quedar por escrito.

  • Crea un protocolo propio de trabajo – contratación.

Como hemos dicho que todo empieza por uno mismo, lo mejor que puedes hacer es crear tu propio protocolo. Nadie tiene por qué conocerlo. Es una herramienta para ti, tuya y que tú vas a usar cuando necesites.

  • Escribe todo por fases.

Escribir es la mejor forma de asegurarte que todo, tiene coherencia. Pero además, es también la garantía para poder “repasar” lo que en su momento acordaste contigo mismo. Tenemos demasiadas cosas en la cabeza… No intentes meter más. ¿Qué tienes que escribir?

  • Lo que quieres – necesitas – esperas.

  • Lo que le pides a la otra parte.

Entre estos dos puntos, cuando los escribes, estarás minimizando aquello que se queda en el aire o en tu cabeza. Asegúrate y repasa bien que le dices a la otra persona todo lo que tú esperas – piensas. El otro no es adivino y no tiene por qué interpretar tus vacíos.

Además, cuanto más completa des una información, más estás evitando el despilfarro de tiempo en tu empresa.

  • Lo que la otra parte te ofrece.

  • Lo que firmáis.

Aquí, cuando ya tienes todo por escrito, asegúrate y si no lo te dan, pídelo, que la otra parte detalla con mucho mucho “detalle” (valga la redundancia) lo que incluye su servicio. Da igual que sea extenso pero que en las condiciones, esté todo detallado.

Y tú, una vez recibes esto, tienes como trabajo el revisarlo bien, pedir los cambios pertinentes y después, una vez firmado, acogerte a ello. No esperes lo que no está detallado porque no tienen por qué dártelo. No imagines, no supongas. Nadie, laboralmente (tampoco personalmente pero eso es otro asunto) tiene por qué darte aquello que no se ha pactado.

Generar una buena comunicación empieza por uno mismo. Es un trabajo de estar muy presente, de ser autocrítico y de querer evolucionar emocionalmente. Puedes hacerlo pero siempre con ayuda, es más fácil. Con coaching podrás identificar si esto te ocurre y marcar tus objetivos y un camino firme para llegar a ellos.

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