Ay cuando hace un año nos tomábamos las uvas para recibir el 2020, quién iba a pensar que pasarían tantas cosas y además, de este nivel. Todos soñábamos con el 2020, era tan bonito… de números porque luego de bonito ha tenido poco. O no, según lo miremos.

El 2020 ha sido duro, complicado, intenso, difícil… Eso no hay quien se lo quite pero también si lo miramos bien y lo analizamos con distancia y sin resentimiento, podremos extraer lo mejor que hay para sacar de un año y de todo la vida: aprendizaje.

Aprender de lo que nos sucede es lo mejor que podemos extraer de las experiencias y de este año tan duro, qué mejor que aprender y que al menos sirva para algo positivo.

El aprendizaje este 2020 ha sido en todos los aspectos porque el año nos ha puesto contra las cuerdas en los personal, profesional, a nivel pareja, como hijos – padres – hermanos… todo ha llevado buena dosis de aprendizaje pero quizás lo mejor sea verlo parte por parte, área por área para así poder integrar mejor lo que nos ha enseñado este 2020.

Empezaremos por la parte profesional que fue quizás a la que nos tuvimos que acostumbrar en cuestión de horas sin verlo venir. Pasamos de estar inmersos en nuestra rutina laboral del día a día, ir a la oficina, trabajar, volver a casa… Todo muy bien estructurado a tener que irnos a casa ordenador en mano y rehacer todo lo que teníamos ya asentado.

La capacidad de adaptación

El Teletrabajo ha sido el mayor aliado de nuestro año pero también con sus aspectos negativos.  Los niños sin colegio y en casa, trabajar en casa todos juntos, ruido, horarios, tareas que coordinar, ayudar a los pequeños con los deberes y las clases…. Realmente más que facilidades ha sido todo un reto y algún que otro problema.

Nos hemos adaptado y no solo para aprender a trabajar en casa todo el tiempo (no es igual cuando teletrabajamos un día o en periodos cortos que instalarnos de forma casi definitiva o al menos sin ver el fin). Hemos pasado de hacer reuniones presenciales, de compartir con nuestros compañeros en la oficina o bajar a tomar un café a hacerlo todo en casa y a través de un ordenador incluso, los encuentros de ocio.

Las pantallas han sido nuestras aliadas pero también nos han esclavizados porque tuvimos que aprender a gestionar ese enganche a los ordenadores – televisores y retomar de otra forma nuestras actividades de ocio como el deporte, leer, etc.

El miedo y la incertidumbre

Otro de los aprendizajes a nivel profesional que hemos sumado a nuestro saco ha sido el de la gestión de la incertidumbre y el miedo. Cuando comenzó la pandemia todos nos asustamos y al cambiar el escenario de trabajo vimos como las ventas bajaban, nuestros puestos estaban en juego y el miedo se apoderó de nosotros. Teníamos que trabajar bajo este escenario, desde casa (sin tomar el pulso presencial a lo que ocurría en nuestras empresas) y con la incertidumbre de qué iba a pasar mañana, pasado o ya ni hablamos del mes próximo.

La incertidumbre ha sido alimentada por los políticos que un día nos daban unas noticias y al siguiente, la contraria. No hemos sabido (y de hecho seguimos así) qué podíamos esperar, qué va a venir para poder hacer planes. Esto de hacer planes se cayó de nuestras vidas el pasado mes de marzo y aún no ha vuelto porque no podemos planear cuándo volveremos a la oficina porque de repente viene otra ola de covid y otra vez a casa; ni planear viajar… nada.

Sin duda, a nivel profesional el 2020 ha sido un gran reto. Nos ha dejado aprendizajes muy importantes que siempre tendremos en nuestro haber si sabemos gestionarlos bien e implementarlos en nuestra vida diaria.

Eso sí, ha sido y seguirá siendo duro. Qué mejor que un acompañamiento como el coaching para salir reforzado profesionalmente de esta situación y que no haya sido en balde.