perfeccionismo

Ser perfeccionista está bien y es algo positivo siempre y cuando… ¡Se controle! Toda virtud puede convertirse en nuestro mayor enemigo si no sabemos parar en el momento justo y adecuado. Todo tiene un límite y en el equilibrio está la buena virtud. Ser perfeccionista y querer que todo esté “perfecto” puede ayudarnos a elevar nuestro nivel de calidad en el trabajo pero también puede destruir nuestra cuenta de resultados. ¿Por qué? Lo descubrimos.

Aspectos positivos del perfeccionismo en el trabajo

A priori el perfeccionismo está considerado como un aspecto positivo dentro de la esfera laboral (y también de la personal). Querer hacer las cosas bien, excesivamente bien y llegando incluso a rozar la perfección (porque la perfección no existe como tal) es un punto a favor que siempre se tiene muy en cuenta. Es considerado como una virtud y quien lo practica, valorado positivamente gracias a esta cualidad. De hecho, consideramos que es una virtud hasta tal punto que en las entrevistas de trabajo o cuando hablamos de nuestras cualidades… Lo reseñamos y resaltamos.

Ser perfeccionista consiste en pretender siempre hacer esa tarea que se nos tiene encomendada… ¡mejor! Que esté mejor hecha, que tenga un nivel más de calidad, que cumpla con creces los tips de calidad marcados y esté por supuesto, muy por encima de los mismos. Así que hasta cierto punto, es algo altamente positivo porque nos ayuda a ser mejores.

Lo negativo del perfeccionismo laboral

El problema aparece porque detrás del perfeccionismo se esconde la elevada y exagerada autoexigencia que nos lleva a no estar nunca conformes y de acuerdo con lo que estamos haciendo y siempre queremos ir más allá.

Es en este momento cuando empiezan a aparecer los contra en lugar de los pros en esto del perfeccionismo y creednos cuando decimos que no son pocos, los contras, que existen y con consecuencias muy altas. ¿Cuáles?

No cumplir plazos

Este es el primero de los contras que aparecen cuando somos demasiados perfeccionistas en el trabajo: no cumplimos los plazos en las entregas de nuestros trabajos – tareas. Si somos exageradamente perfeccionistas nunca estaremos satisfechos con el resultado de nuestro trabajo y “le daremos una vuelta más”, una vuelta que no será solo una sino todas las que hagan falta antes de entregarlo causando importantes retrasos en los plazos establecidos.

Y no es algo consciente sino que se desea hacerlo mejor y ese “agobio” por no estar seguros de nuestro trabajo es lo que nos lleva a realizar rectificaciones.

Adicción al trabajo

Es otro de los aspectos a tener muy en cuenta con el perfeccionismo y es que como queremos siempre hacerlo mejor de lo que lo hemos hecho, tendemos a dedicar horas y horas a nuestras tareas profesionales cayendo en lo que se denomina como “adicción al trabajo” (o laborodependencia) y es estar siempre trabajando (a efectos prácticos o de mente – pensamiento, que también cuenta).

No saber delegar

No saber delegar es otros de los puntos a vigilar si eres muy perfeccionista. Creer que solo tú puedes hacer esa tarea y que además sólo tú puedes hacerla bien además de ser un error te llevará a no terminar nada, cargarte de trabajo, tener estrés y frustración (además de muchos otras desviaciones emocionales altamente dañinas).

Estrés en altas dosis

Si eres perfeccionista en exceso en el trabajo, lejos de estar creciendo como profesional y persona lo que estás es sumando sin parar altas dosis de estrés. No llegarás a los plazos marcados, no estarás entregando los trabajos, tus jefes – clientes estarán en guerra contigo y llegarás a perderlos y tu frustración por no avanzar irá en crescendo a una velocidad que no podrás pararla.

De ahí al estrés incontrolado es todo uno. Y cuando hay estrés en el trabajo, ya sabemos lo que ocurre, que todo se convierte en un auténtico despropósito y el declive acecha. Dejarás de dormir, no comerás correctamente (seguramente comerás mucho y mal) y tu humor se tornará cuanto menos, gris y oscuro.

No gestionar problemas correctamente

Ante el escenario expuesto anteriormente, ¿qué se puede esperar de alguien que está bajo estas influencias y necesita tomar decisiones? Que todas sean equivocadas y fruto del estrés, la necesidad y los nervios. Nada puede salir bien si nos sentimos así y estamos inmersos en la vorágine de la auto-destrucción.

No saber tolerar errores

Y la cosa no queda ahí, hay que sumar además que si eres perfeccionista en extremo no tolerarás bajo ningún concepto los errores. Los primeros, los tuyos pero tampoco los de los demás. Te volverás (o serás de forma natural) inflexible hasta límites que puedes crear problemas con tu entorno porque en este punto estás más que estresado e irascible.

Cómo aliviar ser perfeccionista

El ser perfeccionista a estos niveles es algo que viene intrínseco en la personalidad de cada uno y que además, por nuestro aprendizaje y crecimiento (escuela, familia) lo hemos desarrollado más y más. A pesar de ello se puede trabajar y conseguir controlarlo. Al principio te costará más y poco a poco podrás ir como todo, acomodándolo a niveles más saludables.

Lo primero que hay que hacer es identificar que se es perfeccionista y que además, no es algo tan beneficioso como pensamos. Mientras consideres que ser perfeccionista es algo súper positivo y que te hace estar en una situación de poder, estarás muy lejos de poder paliar los efectos negativos.

Cuando ya eres consciente de que estás siendo perfeccionista en niveles exagerados, podrás ir a la raíz del problema. La autoestima es uno de los factores que más causan ser perfeccionistas en estos parámetros. Si tu autoestima está baja, jamás estarás seguro de tu trabajo y siempre pensarás que lo puedes hacer mejor y le darás otra y otra vuelta. Así que empieza por analizar y trabajar tu autoestima y no solo la profesional, todo va más allá y radica en los asuntos más profundos personales. Ayúdate con coaching para establecer los objetivos a conseguir en cuanto a la mejora de tu perfeccionismo.

Y mientras estás en esto, recuerda una frase para poder sacar trabajo adelante e ir paliando este sufrimiento: “bien es suficiente”.