Verano es la época en la que muchos deciden su futuro. Algunos pensamos y somos de la opinión que es una decisión demasiado importante y a su vez, complicada como para tomarla en plena adolescencia. Y es que tener que decidir qué estudiar y que eso se convierta en nuestra profesión, modo de vida y por consiguiente lo que debe ser una de nuestras pasiones (para ser feliz en el trabajo, lugar donde pasamos la mayor parte de nuestro tiempo) no es una tarea sencilla. La responsabilidad es mucho mayor de lo que con esa edad (18 años) estamos preparados para asumir y ser conscientes.

Pero según está estipulado el sistema de enseñanza y de vida en nuestra sociedad, tras terminar el colegio – instituto, toca decidir qué estudiar y que se convierta en nuestra carrera.

Nos encantaría que estuviese bien visto y admitido que en ese momento, los chicos y chicas que están en un momento de revolución hormonal y empiezan a vivir otras experiencias, pudiesen tomarse un año para pensar y meditar qué desean no estudiar, sino hacer durante su vida. Eso del “año sabático” que puede ser trabajando en cualquier trabajo que les de suficiente para vivir, viajar al extranjero, visitar otras culturas y así abrir sus miras para poder tomar la decisión de su futuro de vida.

En algunas culturas o países de Europa esto está tan bien considerado que los jóvenes no dudan en tomarse un tiempo para plantearse qué hacer. Los padres deberían apoyar a sus hijos en este momento y no tiene por qué ser una obligación absoluta terminar el colegio – instituto y empezar los estudios universitarios o los elegidos inmediatamente después.

El error muchas veces viene derivado de estas prisas. Los jóvenes eligen sin haber tenido tiempo de realmente analizar lo que les gusta, apetece y terminan por decidir aquello que les han inculcado familiarmente o que creen que les gustará. Después vienen los fracasos y las infelicidades. El trabajar durante años en algo que realmente no apasiona.

Parece que para llegar a ese momento en el que esté aceptado tomarse un tiempo para decidir qué hacer y estudiar sin que “esté mal visto” aún queda. Mientras, intentemos ayudar a los que tienen que tomar esa decisión.

Estudios superiores… ¿Cómo elegir?

Una de las opciones más elegidas cuando se termina la educación primaria y secundaria es la de los estudios universitarios. Si se puede “económicamente” y en España gracias al sistema de estudios estatal es más que posible en la mayoría de los casos (gracias también a las ayudas, becas, etc), los jóvenes cada vez más optan por ir a la Universidad aunque para tomar la decisión de qué estudiar tampoco habría que desechar desde el principio los estudios de oficios, por ejemplos.

Sea como sea, si está bien ampliar la formación después del colegio y el instituto ya que esta es algo básico y necesitamos, para poder desarrollar una carrera profesional fructífera, una base de formación adecuada.

El gran problema no suele venir en cuanto a la elección de la tipología de estudios sino en la elección de los estudios en concreto.

Uno de los grandes “problemas” al que se enfrentan los jóvenes es decidir entre estudiar “lo que deben” y lo que quieren. Lo que su familia les ha ido marcando (unas veces sutilmente otras veces de forma directa e imperativa) o lo que a ellos les apasiona. En este momento en determinadas familias entran en juego hasta chantajes emocionales como si que no estudian lo que el padre / madre decide, no pagan los estudios (sí, esto todavía ocurre).

Aquí nos gustaría ayudar a estos padres que no ven que la vida de sus hijos es de ellos y que ellos tendrán que convivir con esa decisión de estudios y trabajos toda su vida. Más vale que sean felices con su elección y si se equivocan, como progenitores, estar ahí para ayudarles y apoyarles. Pero hay que dejar de condicionar a los hijos porque en el futuro, además de ser infelices por su decisión tendrán que lidiar con el sentimiento de rechazo a esos padres que les obligaron y les chantajearon para estudiar algo que no querían.

Por lo tanto, es importante ayudar a los jóvenes a que entiendan la libertad que profesan a la hora de elegir sus estudios que serán la base de al menos, una buena parte de su vida profesional (después siempre se puede cambiar si deseamos).

También otro de los puntos a decidir es entre lo que les gusta y apasiona (quizás sea el arte, la música…) y aquello que se considera que es una carrera de futuro. Aún nos enfrentamos a la típica frase de “eso no tiene salida”.

Deberíamos descartar este tabú y es que hoy en día y más como están las cosas, todo cambia muy rápido y lo que hoy “no tiene salida” mañana se convierte en la profesión más demandada. Sea como sea, si alguien estudia y hace algo con pasión, esa pasión será la que le moverá a destacar y ser especial con lo que conseguirá una carrera de éxito. Mientras que si hace algo con salida pero que no le gusta, seguramente no llegue a nada por mucho que sea un profesión con mucho recorrido.

El éxito o el fracaso está en la persona, en sus ganas, en su motivación y en su pasión. Por lo que nuestro mejor consejo para elegir qué estudiar es primero, analizar lo que cada uno desea y si no está claro, tomarse un tiempo (y no significa vivir económicamente de los padres ese año sino tomar un trabajo temporal para poder soportar ese tiempo de reflexión) y sobre todo, ser fiel a lo que nos gusta, queremos y consideramos que nos va a hacer felices.