distracciones

Ay las grandes distracciones del s. XXI. Nos acechan sin que casi nos demos cuenta y las hemos normalizado absolutamente. Y es que que algo esté inmerso e incluido de forma “normal” en nuestra sociedad y vida no significa que sea saludable y por supuesto, que no suponga una distracción. Hoy en día tenemos cómo decíamos aquí, distracciones a nuestro alrededor que son difícilmente salvables. Están justificadas porque nos ayudan en el trabajo o incluso, forman partes de ella; todo el mundo las tiene; o sin más, ni nos más planteamos que sean una distracción. En productividad, uno de los principales escollos que hay que salvar y trabajar son sin duda alguna, las distracciones. Las generales y también las propias de cada uno porque cada persona, cada rol profesional tendrá las suyas propias. ¿Cuáles son, cómo se identifican y cómo se restringen?

Las distracciones, ladrones de tiempo

Todos nos distraemos. Unos más y otros menos. Unos tienen la capacidad de abstraerse de lo exterior para centrarse en lo que tienen delante y otros, tienen mayor dificultad para realizar esa misma tarea. Los primeros, suelen ser más productivos, eficaces y tienen que lidiar menos con la frustración de aunque se hayan propuesto hacer 10 tareas totalmente asumibles en su día, solo hayan llegado a 6. Y es que las distracciones son más fuertes que su capacidad de concentración. 

Todos, de una manera u otra, en mayor o menor grado, sucumbimos a las distracciones y más, hoy en día. Y es que las distracciones nos rodean, nos absorben. Da igual que trabajemos en mitad de la Gran Vía de Madrid con millones de imputs a nuestro alrededor conectados a todas las redes sociales del mundo, emails y llamadas o que nos encerremos en un búnker solos y sin conexión, solo con nuestra tarea. 

Todos tenemos distracciones porque la primera gran distracción a la que debemos hacer frente es a nosotros mismos, a nuestra mente. De ahí en adelante, todo serán opciones para desviar nuestra atención hacia otra cosa: ir al baño, hacernos un café, anotar esa idea que se nos ha pasado por la cabeza… Y ya las más peligrosas en cuanto a nivel de robo de tiempo: mirar y contestar el mail, whatsapp, una llamada de teléfono imprevista… Y un largo largo largo etcétera.

Las distracciones nos quitan tiempo. Van mermando nuestro día sin que nos demos ni cuenta. Es una de las acciones mas sibilinas a la que jamás nos hemos enfrentado. Estamos en el momento de menor productividad generado por las continuas interrupciones difícilmente salvables porque además, están totalmente aceptadas socialmente. 

Tus distracciones… ¡Las tuyas!

En el anterior post relacionado con este tema (la parte I de Comprender nuestras distracciones) nos referíamos la importancia de identificar nuestras distracciones. Este es un paso fundamental para trabajar la minimización de las consecuencias negativas que estas tienen en nuestro día a día. Y es que aunque existen distracciones comunes a todos (todos tenemos un teléfono móvil, todos recibimos alertas y estamos expuestos a internet), tenemos dependiendo de nuestro rol profesional, nuestro momento vital y otros aspectos de la vida, diferentes distracciones. 

Identificar, entender y aceptar las distracciones que tenemos cada uno, el nivel que suponen en nuestra rutina y cómo sucumbimos a ellas, es el primer paso y además, el más importante y fundamental para poder minimizarlas.

*Hablamos siempre de “minimizar” distracciones porque eliminarlas, es sumamente difícil y consideramos que el esfuerzo que implica llegar a eso es muchísimo mayor que el beneficio y resultado que aporta. Lo importante es poder reducirlas sobre todo, en el tiempo útil de trabajo. 

Este punto es el que más nos va a costar implementar y para el que aconsejamos tener ayuda y acompañamiento. Ser autocríticas es sumamente complicado y conlleva un amplio nivel de consciencia. Y no es que no seamos capaces sino que nuestros mecanismos de autoengaño y auto-justificación son realmente, muy poderosos y potentes. 

Una visión externa, totalmente alejada de perjuicios, juicios y que no está involucrada emocionalmente con lo que nos acontece, es perfecta para poder ejecutar esta revisión y auto-análisis de las distracciones que tenemos en nuestro día a día. 

Aunque parezca que este punto ya lo hemos tratado, volvemos sobre él porque realmente es fundamental que todos, de forma constante, revisemos esas distracciones que nos roban tiempo y atención. No queremos convertirnos en gurús de la productividad pero sí ayudar a que tu tiempo dedicado a una tarea (personal y/o profesional) sea muy eficaz. Ganarás no solo minutos y horas al reloj sino bajar los niveles de estrés en todos los aspectos.

En coaching trabajamos de la mano con nuestros clientes para juntos, identificar cuáles son las distracciones de cada uno. Detrás de cada una de esas de esas distracciones y sobre todo, del tiempo que le dedicamos así como de lo que nos cuesta soltarlas para volver a nuestra rutina – tarea, hay muchísima información vital. 

En ocasiones, nos distraemos de lo que hacemos por miedo al juicio una vez terminada la tarea; otras porque quizás nos sintamos vacíos si no estamos haciendo ese algo; porque somos de tendencia dispersa; porque la distracción en sí misma encierra una satisfacción emocional encubierta (si es Instagram, el reconocimiento ajeno o sentirnos partes del grupo; si es contestar mails constantemente, el estar presentes…). 

Por lo tanto y fortalecemos así el mensaje, debemos adentrarnos en el interesante mundo de la auto-crítica para evaluar qué nos está haciendo desviar nuestra atención constantemente. 

Una serie de preguntas básicas y también herramientas a nuestra alcance nos ayudará a implementar esta acción de forma más llevadera.

  • Uso de nuestro móvil: los móviles actuales tienen una función que nos indica el tiempo que estamos dedicando a su uso (general) y también por aplicaciones. En mi caso particular, cada lunes por la mañana me llega un mensaje que me alerta de las horas dedicadas al día y de si ha subido mi consumo o bajado con relación a la semana anterior. Reconozco que en determinados lunes me llevo unos sustos que hasta yo misma digo “esto tiene que parar”. Las redes sociales y el mail son mi mayor distracción (y decir que son parte de mi trabajo no es una excusa válida). Con este dato, el del uso del móvil y de las aplicaciones que él contiene, tenemos a nuestro alcance una información brutal para poder hacernos una idea de lo que nos está robando la atención constantemente.
  • Cuántas veces nos desviamos de nuestra tarea: si estamos ante una tarea que se hace en el ordenador, podemos utilizar diferentes herramientas gratuitas que existen en internet que monitorizan el tiempo dedicado. Es un cronómetro que pondremos en marcha cuando empezamos una tarea y que pararemos al terminarla o si tenemos algún tipo de interrupción. Nos ayudará a evaluar si hacemos la tarea “de seguida” o si vamos parando y para qué. Puede que para atender una llamada, para hacernos un café, hablar con un compañero o incluso, poner una lavadora (algo que ocurre mucho desde que trabajamos más en casa).  
  • Al cabo del día, ¿cuántas tareas hemos terminado a tiempo? Aquí otro importante dato para ayudarnos a saber cómo vamos y por dónde. Para que podamos utilizarla hay que ponerse al comienzo del día un listado de tareas asumible y realista añadiendo los tiempos o horas en las que nos gustaría tenerlo completado. ¿Hemos cumplido? ¿Por qué?

Con toda esta información podremos elaborar un mapa real de nuestra situación. A partir de ahí, asumir que sucumbimos a distracciones y poner soluciones son los pasos más ágiles. En poco tiempo y con ayuda como la que prestamos en Utopía Coaching podrás notar importantes cambios que se traducirán en más foco y más tiempo liberado. ¿Empezamos?