Mucho se está hablando de cómo pasan el confinamiento padres con hijos, los propios niños, las personas mayores… También encontramos muchas referencias en todos sitios (blogs, periódicos, programas de televisión) de cómo están organizándose las empresas, como teletrabajar, qué condiciones o ayudas económicas está aportando el Gobierno para los empresarios y autónomos… Todo es fantástico y muy necesario. Pero, hay un colectivo del que se habla y al que se refiere muy poco y es el de las personas que están teletrabajando (no salen de casa) y están solos. Personas que no comparten piso, que no tienen pareja (o sí pero no viven con ella) y no tienen ni padres ni hijos con ellos.

Las personas que están solas en esta situación están viviendo también una situación cuanto menos, complicada. Dicen los que son padres que están mejor que ellos que están con más gente y sobre todo, con niños. Que estar todo el día atendiendo a los más pequeños, organizando sus deberes y asuntos del colegio, sus necesidades, sus nervios por estar encerrados, etc, se vuelve una locura. Y no lo cuestionamos aquí pero se está dejando atrás el potente valor que tiene el estar acompañado cuando las fuerzas flaquean, el estar con otras personas que si estás tristes, te ayudan a levantar el ánimo compartiendo un rato aunque sea de sofá y película. Cocinar para varios es más agradable y se tiene la satisfacción de estar ayudando y aportando valor a otros…

Estar acompañado es una situación que si a veces puede resultar agotadora porque todos necesitamos nuestro momento de intimidad y soledad, se puede gestionar bien eligiendo esos momentos haciendo una actividad en silencio, pidiendo a los demás integrantes de la casa que durante un tiempo determinado nos dejen estar solos, bajando a la compra, etc.

Pero, ¿qué está ocurriendo con las personas que están solas en sus casas, no van a trabajar y no se relacionan con ninguna personas física en días e incluso, semanas?

La soledad no elegida es uno de los problemas más importantes de una persona y se puede convertir en una situación emocional que derive en una enfermedad como es la depresión (y sus síntomas derivados como tristeza, angustia, irascibilidad, etc).

Las personas que viven solas están acostumbradas a ello y de hecho, lo disfrutan mucho. Son personas habituadas a organizarse su tiempo, a estar en silencio, a disfrutar de su espacio en todos los sentidos. Pero eligen cuando relacionarse con otros, ya sea en el trabajo o con su vida social elegida (cada uno a su nivel de interacción deseado con otros).

Hay quien le gusta muchísimo, incluso “más de lo normal” (aunque tendríamos que tener un baremo de qué es lo normal y lo que no bien delimitado y sobre todo, analizado y sobre base sólida) estar solo / a y que lo disfruta muchísimo. Pero casi nadie, por elección personal, pasa días, días y días llegando a semanas, solo.

Incluso si es así, que elegimos estar solos porque no interactuamos con otras personas de forma prolongada en el tiempo (quedando con alguien para comer o cenar o compartir otro momento) siempre interactúan con otros y sobre todo, se sale a la calle, se pasea, se ve a otras personas… No es la soledad absoluta que ha originado el Estado de Alarma por la pandemia del Coronavirus.

Efectos de la soledad prolongada y obligada

Estar solos es saludable y todos deberíamos aprender a estarlo. Es la mejor forma para aprender de nosotros mismos y realizar una correcta evolución emocional. Hasta ahí todo cierto y como siempre defendemos desde Utopía, en algún momento de nuestra vida y si es posible de forma constante y periódica, deberíamos regalarnos con valentía un espacio y tiempo en soledad absoluta.

Viajar solos es un aprendizaje de vida único. Un retiro de soledad y silencio nos abre los canales de comunicación internos con nosotros mismos y nos descubre lo que de otra forma no podríamos llegar.

Pero si algo hace a esta soledad elegida tan potente es que es elegida, controlada y que podemos salir de ella cuando deseamos. Está organizada y preparada con un objetivo. Y normalmente todo el escenario de nuestra vida se ha dejado bien situado para poder estar tranquilos y centrados en esta soledad.

No es el caso de esta soledad de algunos (muchos y muchas) generada por la pandemia. Ahora estamos obligados a estar solos, sin relacionarnos (y si lo hacemos aparece el miedo a la enfermedad) y además, hay que preocuparse y mucho por la situación económica propia y general.

¿Cuáles son por tanto los efectos de esta soledad?

Con la soledad aumenta el cortisol (que es la hormona del estrés) y con ello aparece la tristeza, la rabia, la preocupación que son ataques constantes a nuestro sistema inmunitario.

Con esta soledad y la aparición de estas emociones, dormiremos peor (sueño interrumpido e insomnio), nuestras comidas se alteran, buscamos sustancias como el azúcar y las grasas para tapar emociones, se puede generar falta de autoestima, desidia, aburrimiento (pero no porque no tengamos cosas que hacer sino porque no hay ganas… ).

Y otro de los puntos que nos puede ocurrir y que veremos cuando acabe esta situación es acostumbrarse a estar solos y tener miedo a relacionarnos después de tanto tiempo. Al entrar en bucle de aislamiento y tristeza, tendremos menos ganas de relacionarnos.

Ayudas y soluciones para la soledad obligada

Las video llamadas: el parche a la soledad pero necesario

Para estas personas que están solas en sus viviendas, los expertos recomiendan realizar diferentes actividades “sociales” como realizar video llamadas con sus familiares y amigos. Es una solución que sobre todo al principio, cuando estábamos fuertes mentalmente y motivados para pasar esto, podía funcionar.

La novedad de hablar con quien ni siquiera lo habíamos hecho en meses o año, era un impulsor de vida social telemática pero con el paso de los días y las semanas, estas video llamadas no son efectivas y de hecho incluso se vuelven un poco en nuestra contra.

Ya no tenemos casi nada nuevo que contar y las críticas por la insatisfacción ante la situación minan nuestra moral. Estamos cansados, agotados y a veces al colgar esa video llamada, el resultado es peor que antes porque sentimos insatisfacción porque solo ha sido un rato de queja que nos resta energía.

Eso sí, a pesar de esto, hay que intentarlo. Es una de las soluciones para las personas que viven solas. Hay que interactuar con otras personas y aunque no sea todos los días, sí que lo hagamos varias veces a la semana.

Planes en soledad

Está perfecto y es necesario que nos tomemos nuestro espacio pero que cuando nos veamos afectados emocionalmente, compartamos. Llamemos a nuestros familiares y pidámosles que nos escuchen, aunque sea para quejarnos un rato, soltar lo que sentimos y poder continuar liberados de eso.

Escribamos en diarios para poder plasmar más allá de nuestro interior lo que estamos viviendo.

Dibujemos como herramienta de gestión emocional.

Movamos nuestro cuerpo como más nos apetezca por mucho que no tengamos ganas.

Salgamos a hacer la compra, a la farmacia o donde necesitemos y disfrutemos de ese momento. Si nos cruzamos con gente, seamos amables y empáticos.

Planeemos viajes para cuando esto acabe… Soñar ayuda y motiva.

Esta situación tendrá muchos efectos de los que ahora mismo ni siquiera, somos consciente a todos los efectos: sociales, personales, económicos, etc. Intentemos ser realistas, darnos cuenta de que van a existir y así podremos estar prevenidos para poner soluciones.