Reprimimos en lugar de premiar. Castigamos en lugar de alabar. Reforzamos lo “que parece que se nos da mal” en lugar de apostar por lo que se nos da bien. Es más fácil decirnos lo que no está bien que lo que sí. Somos, los seres humanos, de o por naturaleza, mucho más de lo negativo que de lo positivo.

Quizás sea porque sentimos que si alabamos al otro, nuestras faltas se verán más. Quizás porque pensamos que no podemos brillar todos (pensamiento equivocado). O también puede ser que como aprendimos que la “letra con sangre entra”, “si te exijo más es porque lo puedes hacer” (en este estamos de acuerdo pero lo importante son las formas) o refranes del estilo, es mucho mejor escoger lo que está por hacer, lo que está por corregir y lo que falta en lugar de mirar hacia lo que está, lo recorrido, el esfuerzo realizado y lo que funciona.

Somos más de lo negativo que de lo positivo.

Desde niños, lo que falta en lugar de lo que hay

El primer ejemplo al que podemos acogernos es lo que recibimos de nuestros padres y entorno cuando somos pequeños. Todo lo que hacemos bien es “porque así debe ser” y pasa absolutamente inadvertido pero, como hagamos algo que no entra en los cánones de lo que está bien, como un niño tenga una rabieta, como se equivoque… La reprimenda está asegurada e incluso el conflicto.

Estamos de acuerdo en que hay que educar y corregir lo que sea necesario pero la realidad es que también es importante para construir la autoestima de un niño, referenciar lo que se está haciendo bien porque si no caemos en el sentimiento de que todo lo que hacemos está mal y nuestra propia percepción de valía cae por los suelos generando problemas de adultos.

Aunque parezca exagerado, esto es una realidad que ocurre muy a menudo. El siguiente ejemplo es cuando somos niños y estamos en el colegio. ¿Cuántas veces escuchamos y vemos cómo se le ponen al niño clases particulares de aquello en lo que no va bien o ha suspendido? Está bien, hay unos mínimos escolares que hay que cumplir pero quizás el problema no está en la asignatura en cuestión y hay que ir más allá y reforzar (en lugar de castigar) otros ámbitos.

¿Cuántas veces reforzamos con clases particulares cuando a un niño / a se le da bien dibujar, pintar, crear? Ninguna. Consideramos que son asignaturas banales y seguramente nos estamos perdiendo un gran creativo, una gran pintora y sobre todo, personas felices y satisfechas con el desarrollo en la edad adulta de una profesión acorde a sus gustos personales.

Reforzamos para cambiar lo que no en lugar de potenciar lo que sí.

Las formas en las reprimendas en el trabajo

Posteriormente, una vez que ya hemos crecido y somos adultos, el siguiente paso vendrá en cómo se gestiona el entorno laboral y profesional. En España al menos siempre es mediante la política del miedo: si no lo haces bien sabes y sientes que tendrá consecuencias (dependiendo del nivel pueden llegar hasta el despido). Pocas veces sentimos y trabajamos bajo la seguridad de que “somos personas, nos equivocamos y si eso pasa, nos ayudarán a corregirlo y mejorarlo”.

Y es que en los trabajos y sobre todo en las personas que lideran equipos falta esa empatía y ese buen hacer de crecer juntos, de valorar el esfuerzo, de premiar aunque sea con una línea en un mail el trabajo realizado como debe estar. Y precisamente el motivo de no hacerlo es “porque se considera una obligación”. Sí, estamos de acuerdo pero todos necesitamos no ya que se reconozca lo que hacemos sino tener un feedback en algún momento más que el negativo, más que el que cuando falta algo… es cuestión de ir generando seguridad y un equilibrio.

Por supuesto está claro que todos deberíamos tener nuestra autoestima bien trabajada y no necesitar que nadie “nos de palmaditas en la espalda” por lo que hacemos bien porque es nuestra obligación pero, de nuevo, reforzamos la idea de que si consideramos que es útil hacer una crítica constructiva para mejorar, para avanzar, para crecer… También hay que decir las cosas positivas para asentar, para equilibrar y porque sinceramente, todo funciona mejor cuando el positivismo nos rodea.

Y si algo hay que añadir y para ser fieles al título de este apartado: cuidado con las formas. Es fundamental que las críticas hacia lo que falta o no está bien sean constructivas, educadas, basadas en el respeto y siempre, en pro de mejora y crecimiento.

Si te gustaría como líder de equipo o como profesional / padre – madre… trabajar este aspecto para saber también aportar una valoración positiva y gestionar las emociones que se derivan de ellas, con Coaching todo es más fácil y podremos acompañarte para desvelar qué ocurre en ti que está impidiendo que puedas aportar este criterio sobre los demás (y también sobre ti mismo porque todo nace en uno y de uno).