¿Te ha pasado? ¿Sientes que ya no eres excelente en tus tareas y que las haces “para cumplir”? ¿Has dejado de disfrutar con tu trabajo cuando antes te apasionaba y era tu mejor momento del día? No te asustes. Seguramente es algo transitorio por un hecho o circunstancia en concreto pero te estará llevando a vivir tristeza y frustración por querer dar más de ti y no poder. ¿Qué está pasando? ¿Cómo solucionarlo?

Disfrutar con nuestro trabajo

Si durante nuestra vida profesional hemos estado siendo fieles a lo que sentimos y deseamos, lo más seguro es que disfrutemos con nuestro trabajo. Es decir, que realmente nos guste lo que hacemos y en esencia es así más allá de que el día a día nos supere o tengamos momentos de que lo dejaríamos todo por algo o más fácil o simplemente, nada (esto es normal por el ritmo actual de la vida y por las exigencias económicas marcadas por la sociedad y nosotros mismos).

Pero de forma habitual, lo que hacemos nos gusta. Y eso se sabe y determina porque no buscamos otra cosa a la que dedicarnos y aunque pasemos épocas más complicadas y bajas de ánimos y motivación, sabemos que esto a lo que nos dedicamos profesionalmente, nos gusta y no lo dejaríamos.

Este escenario, el de trabajar en algo que nos guste debería ser lo habitual y es que de esta forma la motivación brincará a sus anchas en nuestra vida y no tendremos que hacer grandes esfuerzos para poder estar al máximo rendimiento en nuestro trabajo.

Por desgracia, este no es siempre el escenario de vida de todos y algunos tienen que dedicarse profesionalmente a algo que no les apasione. ¿Nuestra recomendación? Intentar siempre perseguir con estrategia y cabeza aquello que nos guste para poder ser y vivir más felices porque pasamos la mayor tiempo de nuestra vida trabajando.

Dejamos de ser excelentes en nuestras tareas

Cuando nos apasiona lo que hacemos y disfrutamos con ello, dependiendo del grado de autoexigencia que tengamos, siempre estamos enfocados en dedicar todo de nosotros (esfuerzos, dedicación, tiempo, atención) a las tareas que desarrollamos y el nivel de excelencia suele ser alto.

Pero de repente (bueno, no es de repente sino de forma paulatina hasta que un día nos percatamos de ello por un hecho en concreto) nuestro nivel de excelencia en las tareas que realizamos disminuye y ya no es el mismo de antes.

Le dedicamos menos tiempo a aquello que hacemos, cumplimentamos nuestras tareas en el último minuto y a contrarreloj, por estas prisas la creatividad disminuye y por ende, la motivación. Nos cuesta ponernos a ello y empezamos a pensar en qué está ocurriendo y si es que ya no nos gusta nuestro trabajo.

Este es el momento de parar un poco y analizar la situación. Dentro de la vorágine de desidia, desgana, desmotivación y frustración (aparece cuando no estamos dando lo mejor de nosotros y somos conscientes de ello) es imposible determinar qué ocurre y menos, tener la capacidad de tomar una decisión acertada para solventarlo.

Soluciones para recuperar nuestro brillo profesional

Lo mejor que podemos hacer es tomar un poco de distancia. Cuando estamos trabajando día a día es complicado y a veces imposible pero si tenemos la oportunidad de coger unos días de vacaciones para relajarnos y poder vaciar nuestra mente y que así todo fluya mejor, sería el mejor remedio antes de la toma de decisiones.

Unos días alejados de la rutina, de los compromisos profesionales, de los horarios e incluso de nuestro lugar habitual de residencia nos ayuda a que todo se oxigene y lo podamos ver con prisma.

Durante esos días os recomendamos distraer la mente con otras actividades que nos gusten: deporte, pintar, leer, caminar, descansar… Para que el cerebro tome también esas vacaciones y pueda darnos las mejores respuestas a lo que nos ocurre.

Si no podemos tomarnos esas vacaciones, podemos hacerlo de forma parcial bajando el ritmo. Seamos inteligentes y planifiquemos unos días en los que cumplir con nuestras obligaciones pero despejar de nuestra agenda todo lo que pueda esperar. Si tenemos clientes que nos han encargado trabajos no urgentes, hablemos con ellos y pidamos tiempo extra. Si no podemos, hagamos el trabajo que nos corresponde como sabemos hacerlo y tirando de protocolos de actuación o ir un poco en automático (no es malo ni quiere decir que estemos haciendo mal nuestro trabajo).

Con este espacio mental (tanto si estamos de vacaciones como si no), es el momento de analizar con aire fresco lo que ocurre. Escribir es una buena herramienta. Escribir para nosotros, sin objetivos ni pretender que tenga más sentido que el de verter lo que sentimos y pensamos en un papel. Si lo hacemos libremente nos sorprenderán los resultados y seguro que podemos ver reflejado en esas líneas que está ocurriendo.

¿Qué ocurre? Pues lo más probable que nada grave solo que si realmente te apasiona aún lo que haces, estés pasando por una época de cansancio profesional acumulado. El día a día nos sumerge en obligaciones laborales y tareas que están muy lejos de aquellas que nos encanta hacer y que consiguen distraer nuestra atención y motivación.

Es normal y habitual pero si se prolonga en el tiempo nos lleva a bajar nuestro nivel de calidad en el trabajo porque estamos cansados y no encontramos lo ilusionante. De esto se trata precisamente, de encontrar lo que nos ilusionaba y aún lo sigue haciendo de nuestro trabajo.

¿Qué es eso que te encanta hacer, donde eres realmente bueno y disfrutas mil? Búscalo porque sigue estando ahí y si no lo está como tú necesitas, haz los cambios que consideres necesarios en tu ámbito profesional para recuperarlo.

Con coaching puedes hacer este camino acompañado por profesionales que sacarán lo mejor de ti, eso que ahora está escondido o dormido. No tienes por qué hacerlo solo. Estamos para acompañarte. ¿Hablamos?