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15/02/2019

Escrito por María Alcaraz

pisar y destruir

Dañar al otro profesionalmente. Parece que nos encanta. Preferimos pisar al otro en lugar de trabajar para mejorar e incluso, para ayudarle. ¿Por qué hacemos esto profesionalmente? Es algo que no se entiende muy bien pero que lo hacemos constantemente y de hecho, desde que están las redes sociales, ahora es más notable porque todo es público.

Hoy queremos hacer un post más personal basado en una situación que vivimos hace un par de mañanas pero que nos lleva a una situación como decimos, habitual en los entornos profesionales y que deberíamos cuanto menos, “vigilar”. Desde que aparecieron las redes sociales, el arte de criticar se ha extrapolado a niveles de visibilidad insospechados y realmente, dañinos. Malos y perjudiciales para la persona objetivo de las críticas pero también para quien las hace que transmite una imagen propia bastante negativa. Eso cuando somos capaces de ver e identificar lo perjudicial de criticar que a todos nos encanta.

Las redes sociales son una puerta maravillosa al conocimiento, al estar en contacto, a generar relaciones de todo tipo (personales, profesionales, conocer gente, marcas, tendencias…) pero también, bajo esa utilidad, permiten o hacen que se pueda hablar de todo y de todos.

El caso real: post en linkedin

El otro día, por la mañana, mientras revisábamos nuestras cuentas de redes sociales, en concreto Linkedin, la que usamos para contactos profesionales y estar al día del entorno laboral, leímos una publicación de un “reconocido profesional del éxito empresarial” (entrecomillamos reconocido porque Internet también ha beneficiado a poder venderse muy bien sin que detrás haya mucho que rascar) que nos dejó atónitos y que nos ha hecho reflexionar sobre esto de “criticar al otro públicamente” y comenzar una vendetta para con ello, ¿destacar?

Desde nuestro perfil de linkedin (el personal, que no la página) estamos en contacto con profesionales de diferentes sectores de los que nutrirnos con sus contenidos y leer actualizaciones interesantes. Este día al que nos referimos, no fue así pero sí conseguimos sacar algo de provecho de este encuentro virtual. Una importante reflexión que os mostramos en este post.

Nos encontramos navegando por el feed de linkedin, un post que incluía un comentario del autor haciendo referencia a una imagen que adjuntaba. La misma era un pantallazo de un email recibido de un profesional de la cerrajería en el que le explicaba de forma muy detallada, el servicio que había solicitado añadiendo tips y consejos para que el arreglo que requería y que solucionaba su problema, fuese más profesional y además, no le engañasen con precios irreales.

Si lees ese email con “buena gana”, digámoslo así, con positivismo y con tu mente de agradecimiento, descubres que la persona que está al otro lado te ha escrito no pensando en la venta como tal sino en ayudarte con un servicio profesional, mostrando su profesionalidad y experiencia y siendo un aporte positivo en tu problema y situación.

Cuál fue nuestra sorpresa que ese pantallazo estaba ahí porque en el comentario del propietario del perfil (el gran profesional del éxito de los negocios) estaba reseñando no esta exposición de profesionalidad sino que lo que venía a exponer y de lo que se quejaba de manera insólita es de que el email recibido, estaba repleto de faltas de ortografía. Faltas de ortografía que en la imagen adjuntaba señalaba con amarillo para que ni de lejos, pasaran desapercibidas.

Cuando leímos el comentario, volvimos a la imagen para detenernos ahora sí, en este agravio que había sentido nuestro contacto al recibir el email del señor cerrajero. Y sí claro, nos volvimos a dar cuenta de las faltas de ortografía, ahora incluso sintiéndonos agredidas también. ¿No las habíamos visto antes? Sí claro, saltaban e incluso molestaban a la vista pero es que no estábamos leyendo un email de un catedrático, de un licenciado, de un profesional que se dedica a generar contenidos… Era un email de un señor que se dedica a la cerrajería.

Realmente nos pareció abusivo y de muy mala praxis mostrar este email para “mofarse” de este profesional y además, aseverarlo en un comentario en el que dejaba a relucir lo horrible de estas faltas de ortografía. Nos sentimos muy desilusionadas con el “gran profesional” que utilizaba esta práctica para ridiculizar al otro y así destacar “demostrando su gran sapiencia” (aunque para nosotras demostró otros valores que dejan mucho que desear).

Fue entonces cuando nos preguntamos, ¿qué necesidad hay de exponer a nadie de esta manera pública y arremeter contra sus errores? ¿No sería mejor contestarle a su email profesional a través del cual nos quiere ayudar a nuestro problema y ya está? ¿O si tanto nos preocupa su ortografía, ayudarle con nuestros recursos? ¿Por qué necesitamos destruir al otro para destacar? Estuvimos un rato dándole vueltas y en ese camino, desplegamos los comentarios que había tenido la publicación.

Ese simple hecho, el de desplegar los comentarios, nos hizo tremendamente felices. Había más de 200 comentarios (que no pudimos leer todos pero sí una gran mayoría) que explicaban lo mismo que nosotras habíamos pensado y que además, recriminaban esta actitud a la persona que lo había compartido.

Fue fantástico leer cómo se defendía que este señor, el autor del email, es un profesional que además lo demuestra en sus líneas, de la cerrajería y que seguramente, no había podido estudiar más como para no cometer fallos ortográficos de tal calibre. Leímos comentarios con argumentos estupendos de defensa de no destruir al otro públicamente con el único objetivo de sobresalir porque en lo único que estaba destacando era en mezquindad.

Nos encantó. ¿Por qué? Porque nos demostró que la inteligencia emocional esta cambiando, avanzando y mejorando. Porque pudimos comprobar que cada vez más nos liberamos de esa práctica obsoleta y dañina de hundir al de al lado y que es mucho más saludable trabajar sobre nosotros mismos para avanzar.

El éxito no está en que el otro no brille, hay cielo para todos sino que lo importante es mejorar uno mismo por méritos propios. De ahí abandonar esa praxis tan antigua y dañina de “tengo que acabar con mi competencia”. No, no hay que hacer eso. Hay que ser mejor que ella pero porque tu producto / servicio sea mejor cada día y tú trabajes para ello. Pero dejando vivir al otro. Y en todo caso, ir al de al lado para ayudarle porque seguro, que juntos, encontramos la manera de colaborar y ser mejores ambos.

A veces, las cosas de la vida tan habituales como leer el feed de linkedin nos ayudan a reflexionar y ser mejores. El mejor coaching surje de lo habitual, de lo cotidiano, de lo que vivimos día a día y a partir de ahí, darle una pensada profunda.

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