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25/04/2019

Escrito por María Alcaraz

Ser felices se ha convertido en el nuevo objetivo de todos. Sí, aunque parezca paradójico, hasta hace bien poco, no le echábamos mucha cuenta a eso de ser felices. El dinero, el trabajo (para conseguir dinero más que para hacer algo que nos guste), las pertenencias que podíamos comprar (casa, coche, etc)… ocupaban siempre los puestos principales en nuestra mente y casi también, en nuestro corazón. Ahora, parece que el esquema de vida empieza a cambiar y consideramos que la felicidad es un factor clave en nuestra vida. De ahí, que en las empresas se haya también comenzado a considerar tanto que incluso a nacido un nuevo rol profesional: los jefes de la felicidad.

¿Qué es un jefe de la felicidad?

Los jefes de la felicidad o como se les empieza a conocer al menos en las redes – Internet (que vayan llegando a las empresas es algo como la digitalización, será más lento), Gefes (de gestores de la felicidad) son esas personas contratadas de forma interna o externa que se encargan de asegurar un nivel óptimo de felicidad en las empresas.

Su objetivo, su misión y su trabajo es hacer crecer el intangible de la felicidad en nuestra empresa, nuestro trabajo, nuestro día a día. Él / Ella se encargará de analizar qué está ocurriendo en la empresa con respecto al nivel de felicidad laboral y garantizará dar valor a las personas (no es su cometido aumentar ventas, las cifras, etc… algo que vendrá por añadidura).

Y es que ser feliz en el trabajo es fundamental para el individuo pero sobre todo, para la propia empresa que verá cómo sus ratios de productividad aumentan de forma exponencial, disminuirán los conflictos y también las bajas laborales y el entorno interno se convertirá en un buen entorno. Algo que por supuesto se transfiere al trabajo y al exterior.

¿Necesitamos jefes – gefe de la felicidad para ser felices en el trabajo?

Pues parece que sí. Y lo parece por lo que comentábamos al abrir este post y es que se nos ha olvidado que ser felices, es imprescindibles para vivir. Vamos demasiado deprisa, nos preocupamos por todo, estamos como se diría “como pollo sin cabeza”. Lo de ser feliz, cuando estamos pisoteados por la marabunta de responsabilidades y obligaciones, ni se contempla.

Por supuesto que una empresa tiene como objetivo siempre, vender más y mejor. Facturar, vender, ingresar pero esto hay dos maneras de hacerlo: desde el esquema que venimos desarrollando desde tiempos ancestrales de “explotación” a nivel de responsabilidades y extenuación laboral. Algo que por otro lado ya estamos viendo hace unos años que no funciona de ahí el cambio de jefes a líderes. O desde la potenciación y cuidado de nuestro equipo.

Y es que cuanto más tranquilos, motivados y felices por ende esté un trabajador, más empeño, dedicación y creatividad va a poner en su trabajo… Por motu propio. Ahí está la clave. Todo lo que hacemos obligados deja de tener interés, se convierte en algo tedioso y al final, los resultados se ven afectados. Pero si conseguimos que nuestros trabajadores sean felices, serán de forma automática más productivos, su satisfacción para con la empresa aumentará y eso se traducirá en euros – ventas.

No se trata de cambiar el objetivo ni mucho menos pero sí el camino para llegar a ello. Y hay que aprender – reaprender a ser felices. Se nos ha olvidado. Estamos siempre enfadados, hemos dejado de ser amables para con el otro, nos pasamos el día defendiéndonos de ataques a veces inexistentes, ni siquiera ya saludamos o somos simpáticos con el otro (que pobre el otro qué tendrá de responsabilidad en nuestros problemas y situaciones).

¿Cómo trabaja un jefe – gefe de la felicidad?

Por qué no somos felices en general habría que indagarlo más en concreto pero lo que puede y debe hacer un gefe de la felicidad es tratar de aportar un ambiente de trabajo lo más saludable posible para así, conseguir que en ese tiempo que pasamos trabajando, que es más del que empleamos en nuestra vida privada, seamos lo más felices posibles.

¿Cómo lo hace? Ante todo, cuando la empresa apuesta por un gefe de la felicidad (ya sea como figura interna en las grandes empresas o un consultor externo, para las medianas – pequeñas) tendrá que analizar en profundidad qué está pasando en esa empresa, en su equipo, entre sus trabajadores. Debe sacar conclusiones reales y objetivas.

Una vez con una visión concreta del escenario de actuación, deberá con la propia empresa tomar las decisiones acertadas para velar por las personas. Este es su cometido, velar por las personas. Eso sí, por supuesto, no puede convertir el negocio en los Mundos de Yupi. Tendrá que aportar cambios y modificaciones consensuadas con la empresa y que sean viables para el desarrollo de la actividad.

Así, un gefe, tendrá como labor gestionar la felicidad, generar felicidad y por último, gerenciar la felicidad, es decir, asegurarse que esas decisiones que se han tomado en pro de las personas del equipo y que servirán para aportar felicidad… Se cumplan.

Necesitamos más gefes de la felicidad. Estamos muy desconectados de eso de “hacerlo fácil” y es que cuanto más nos enroscamos, más infelices somos, menos productivos, peor funciona todo. En Utopía podemos ayudar a que tu empresa recupere los niveles de felicidad y salud emocional que necesitáis para generar un ambiente óptimo que solo, aumente la productividad. ¿Trabajamos juntos?

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