frustracion

La exigencia está bien. Es algo positivo sobre todo si es con nosotros mismos, la autoexigencia. Nos ayuda a querer ser mejores, a hacer las cosas con un nivel superior de calidad, a no conformarnos con resultados mediocres. Es fantástico ser autoexigente. Pero, ¿qué ocurre cuando se nos va de las manos? A veces, somos “demasiado” exigentes y caemos en el lado opuesto generando efectos negativos sobre nosotros mismos y por ende, sobre los demás. La exigencia exagerada, como todo lo extremo, tiene riesgos y efectos negativos que debemos controlar y sobre todo, evitar.

La exigencia ¿qué es?

La exigencia es lo que nos mueve a ser mejores. Queremos hacer las cosas bien y de hecho, mejor cada vez. Cuando somos muy de querer hacerlo bien, es cuando la exigencia aparece. La llevamos de forma intrínseca y unos la desarrollamos más que otros. Pero es esa motivación visceral a querer hacer las cosas bien, cada vez mejor.

La exigencia es algo que va en nosotros y cuando somos exigentes con nosotros mismos, lo somos con el resto. La vida y las relaciones sociales son un espejo. Trasladamos y proyectamos en el otro lo que nosotros somos. Esa es la realidad. De ahí que cuando somos muy exigentes con nosotros mismos, lo somos con los demás. Y esto, puede causar problemas sociales.

Que seamos auto-exigentes o exigentes con nosotros mismos, es algo que debemos gestionar de forma autónoma. Pero, ser exigente con los demás, es más peligroso. ¿Por qué? Porque el otro no tiene por qué querer o ni siquiera poder responder a ese nivel de exigencia que le estamos interponiendo. Y de ahí aparecen los problemas sociales de peleas, desencuentros y roturas.

La exigencia debe siempre, tanto la nuestra como la que proyectamos en los demás (en cualquier ámbito) en niveles saludables. Unos niveles que siempre estén en equilibrio. Ser exigentes es bueno, no conformarse con las cosas de cualquier manera o sin calidad (ya sea algo físico o en relaciones, en cualquier ámbito). Pero hay que saber cuál es el punto de inflexión y en el que hay que parar de exigir.

¿Qué ocurre cuando la exigencia es exagerada?

¿Por qué hay que saber parar de ser exigentes y conseguir tener un nivel saludable de exigencia? Porque si no, pasará a ser una exigencia exagerada. Una exigencia que en lugar de ser algo positivo para nosotros y para los demás, se tornará en negativa y dolorosa para todos.

La exigencia exagerada es mucho peor que no tenerla. Los efectos negativos de una exigencia demasiado elevada se aprecian tan pronto, rápido y profundamente en la vida y todas sus áreas que quienes la sufren desarrollan patologías emocionales realmente dañinas.

Y todo lo que perjudique es importante identificarlo, erradicarlo si lo estamos viviendo y poner medidas para evitarlo.

¿Qué genera la exigencia exagerada?

Si es en nosotros mismos – la autoexigencia, lo primero que vamos a identificar y empezar a vivir y sufrir es la insatisfacción. ¡Cuidado con la insatisfacción! Es realmente dañina y nos va a destrozar (lamentamos ser tan duras en este sentido pero es importante tenerlo bien claro) si no la detenemos.

La insatisfacción, en cualquier ámbito, va a desencadenar un abanico de emociones negativas y sentimientos sobre uno mismo que nos afectarán a niveles personales, profesionales y en cualquier ámbito.

Estar insatisfecho por algo es una cosa buena porque nos hace identificar que podemos mejorar, nos ayuda a superarnos y a querer ser mejores. Pero de nuevo, debemos valorar el equilibrio. Una insatisfacción derivada de una exigencia exagerada nos hace ser irracionales. La insatisfacción es pensar que no valemos lo suficiente, que no lo hacemos bien, que no somos buenos y que no estamos preparados para lo que nos han – hemos encomendado. Y en realidad no es así pero es que la auto exigencia exagerada nos ha puesto el listón seguramente en un nivel inalcanzable.

Cuando tenemos frustración por no haber podido hacer las cosas de la manera deseada (recordemos el listo tan alto que nos hemos colocado que es imposible alcanzarlo casi), entraremos en bucle “destructivo”. Esa insatifacción nos va a llevar a estar tristes, desanimados y desorientados en lugar de motivados y con ganas a hacer algo más y mejor. Y es que siempre tener la sensación de “no llegar y no estar a la altura” no causa el efecto que pensamos de retarnos y motivarnos a hacerlo mejor sino al contrario, nos hunde y desanima más.

¿Qué ocurre cuando estamos desanimados y frustrados? Que la autoestima entra en juego y se ve afectada. En esta situación y con este escenario, entramos en debacle, la autoestima desciende y cae empicada. Sin una autoestima saludable y en buen nivel, empezaremos a generarnos ansiedad y estrés por el estado en el que nos encontramos. Y el bucle está asegurado durante un tiempo al menos, hasta que lo identifiquemos y seamos capaces de salir de él.

Con frustración, la autoestima baja, ansiedad y estrés… Nada bueno puede salir. Si es por el trabajo, porque estamos siendo demasiado exigentes y no nos sale según lo queríamos, puede que estemos entrando en terreno peligroso ya que esta actitud negativa y desánimo nos causará desazón y no poder continuar con el trabajo a gran nivel (que seguro es el que estábamos dando pero no nos damos cuenta por nuestra realidad distorsionada por la elevada exigencia).

Y si volvemos al principio, todo esto viene derivado de una auto-exigencia exagerada. Tengamos siempre el foco puesto en nuestros niveles de exigencia.

Cómo resolver la exigencia exagerada

Para poder resolver los niveles exagerados de exigencia con uno mismo (cuando en nosotros todo funciona bien, con el exterior también está bien), lo fundamental es tener una visión real de la situación y establecer unos parámetros de exigencia saludables.

Saludable no es que nos pasemos al otro extremo y ahora todo nos de igual y lo hagamos de cualquier manera. Saludable es equilibrio entre los extremos. Si somos auto exigentes de forma exagerada, lo seremos en todos los ámbitos así que lo mejor es tomar conciencia de nuestro baremo “dañado” y empezar a crear reglas más naturales. En el trabajo, en las relaciones, con nosotros mismos… Lo perfecto no existe y hay que saber cuándo algo está bien, es correcto y no necesita de más energía por nuestra parte o sí.

Para conseguir establecer unos niveles de exigencia saludable puedes ayudarte con coaching. Un acompañamiento en esta tarea es muy beneficioso porque te dará un punto de vista externo con el que determinar la situación actual. En Utopía estamos habituados a trabajar con este escenario y ayudamos a nuestros clientes a encontrar el equilibrio de exigencia más apropiado para su vida.