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parar para continuar

Sí, exactamente eso. Un día libre es a veces, lo mejor que puedes hacer para trabajar más y mejor. Cuando estamos “atorados” y bloqueados, lo mejor que podemos hacer por nosotros mismos y por nuestro proyecto es… ¡Parar! ¿Por qué no lo hacemos? Porque somos de la cultura del “calentar silla”. Venimos de viejos y muy arraigados patrones profesionales que ahora mismo ya, perjudican más que favorecen. Por eso, hoy defendemos el parar para continuar.

Si no estás… ¿Para qué?

Para qué y por qué inmolarse queriendo sacar de donde no se puede. Esto es así. ¿Por qué y para qué? Es absurdo pero lo hacemos más y más.

Hay días incluso semanas en las que no se puede. No podemos. Nuestra cabeza está bloqueada, saturada y fuera de nuestro centro. Estamos cansados, pensando en otra cosa que nos tiene totalmente “fuera” y lo que menos podemos hacer es concentrarnos. Esto afecta y muchísimo al trabajo. Es así. Y es algo además, inevitable.

Cuando estamos así, fuera, intentamos por todos los medios saltarnos esa situación interior. Forzamos el estar concentrados y obligados por un ente superior como si de Dar Veider se tratase, trabajamos. Bueno, mejor dicho, “calentamos la silla” y golpeamos los cuadraditos del teclado. Porque trabajar trabajar… No es lo que hacemos esos días.

Cuando estamos fuera, cuando estamos bloqueados (por lo que sea), lo mejor es ACEPTARLO. Aceptarlo con benevolencia hacia nosotros mismos. Y después de eso… Permitirnos. Permitirnos estar así, dar espacio y tiempo a eso que nos ocurre y no forzar más. Porque como decimos, “si no estás, ¿para qué?”.

El bucle de las emociones negativas

Para qué forzarse… Para sufrir más. Para empeorar las cosas. Para estar bloqueado hoy y también mañana. Para sumar frustración, cansancio y todo lo negativo que pueda salir de sentirse así.

Si no se está, si se tiene un mal día… Para. Porque seguir forzándolo en un ambiente que no te está ayudando, es lo peor que puedes hacer. Cuando no estamos concentrados en el trabajo porque otra cosa invade nuestra mente, obligarnos a trabajar va a generar que entremos en un bucle negativo del que luego, será más difícil salir.

Vamos a aumentar nuestro nivel de improductividad. Vamos a generar mayor insatisfacción por no haber sabido o ser capaces (nadie lo es cuando está mal) de reconducir la situación. Vamos a sumar horas de desastre y la insatisfacción crecerá más y más. No descansaremos y lo peor, el día siguiente será lo mismo pero multiplicado.

Ahí está el bucle y cuanto más grande, más lo alargues… ¡Peor será! Todo suma e irás a peor. Pararlo está en tu mano y hacerlo es ser consecuente, ser responsable contigo mismo y con tu trabajo.

En España… Filosofía de calentar la silla

Entonces, si es muchísimo mejor parar cuando se está mal para poder después continuar, ¿por qué no lo hacemos? Porque aún estamos y tenemos muy arraigada la cultura del “calentar la silla”. Es cierto que es algo que se está cambiando (de ahí las empresas que creen en el teletrabajo y en el trabajo por resultados, no por horas) pero aún queda mucho camino por hacer.

La desconfianza es típica de un jefe de los antiguos. De los “carcas”, de los que les da igual lo que estés haciendo y lo productivo que seas, prefieren que estés calentando la silla durante horas. Esos que piensan que lo mejor es un horario interminable de horas en la oficina pero que no se dan cuenta de que están llevando a su equipo al más auténtico desastre. No se ven ellos y su empresa como los más perjudicados. No cuidan de las personas… Y así podríamos estar días.

El calentar la silla aún se trabaja mucho en las empresas y es un mal muy profundo que hay que erradicar. De google y esas grandes empresas deberíamos aprender la flexibilidad, la confianza y que lo que importa realmente es que el trabajo esté hecho. Y sobre todo, lo que importa, es el bienestar del equipo, de las personas.

Si una persona está mal, si tiene un mal día… Que se vaya. Que se vaya a su casa, a hacer deporte, a pintar o a tomarse 20 tés con croissants. Levántalo, como líder, de la silla, dale la confianza y el escenario perfecto para sentir tranquilidad de que irse en ese momento, es lo mejor.

No queremos a nadie mal en su puesto de trabajo. Porque si se queda, lo que va a pasar es que estará mal hoy y también mañana. Se le acumulará el malestar hasta que explote. Y creedme, explotar siempre es peor. Mejor un día fuera, que una explosión y una baja. ¿No crees?

Por eso, apostemos por el parar para continuar. Si aún no te permites esto y/o no se lo permites a tu equipo, trabájalo porque es una muy buena clave para el éxito en tu organización. Con coaching podrás ver las oportunidades que te brinda tomar esta acción en tu negocio y para con tu equipo.

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